Alrededor de 3.7 millones de niños padecen desnutrición aguda en Afganistán y cerca de un millón enfrenta un riesgo de muerte por desnutrición aguda severa si no recibe tratamiento oportuno. La emergencia afecta a una población de más de 45 millones de personas y se desarrolla en medio del hambre, los desastres naturales y el retorno de afganos desde países vecinos.
La situación se agravó después de los terremotos registrados el año pasado, varios fenómenos climáticos ocurridos durante 2026 y el regreso de millones de afganos desde Irán y Pakistán. Estos factores han aumentado la presión sobre las familias y los servicios de salud, particularmente en las zonas más vulnerables.
La desnutrición infantil alcanza niveles críticos
Los casos más graves corresponden a menores que requieren atención médica y alimentos terapéuticos especializados. La desnutrición aguda severa puede provocar complicaciones que ponen en peligro la vida, especialmente cuando los niños no reciben tratamiento con rapidez.
Los menores de dos años se encuentran entre los más afectados. Además, una parte importante de los ingresos hospitalarios por desnutrición severa y complicaciones médicas corresponde a bebés menores de seis meses, lo que refleja la gravedad de la crisis durante las primeras etapas de la vida.
Casi 14 millones de personas padecen hambre aguda
El hambre aguda afecta a casi 14 millones de afganos, una cifra cercana a un tercio de la población. La sequía, las dificultades económicas, los desplazamientos, los daños provocados por terremotos y la reducción de la ayuda humanitaria han limitado el acceso de las familias a alimentos y servicios esenciales.
La respuesta humanitaria enfrenta además una falta de financiamiento que dificulta ampliar la distribución de alimentos y el tratamiento nutricional. Sin una intervención rápida, la temporada de mayor incidencia de desnutrición podría aumentar todavía más la presión sobre hospitales y centros comunitarios.
La atención inmediata de los casos severos y la prevención son fundamentales para evitar nuevas muertes infantiles. Proteger la alimentación de los menores, fortalecer los servicios de salud y garantizar recursos para la ayuda humanitaria serán acciones decisivas para contener la emergencia.

