La presidenta Claudia Sheinbaum enfrenta el reto de consolidar una línea política propia dentro de Morena, en medio de tensiones con grupos y figuras identificados con el periodo de Andrés Manuel López Obrador.
El episodio más reciente ocurrió en Sinaloa, donde Rubén Rocha Moya anunció su regreso a la gubernatura el 21 de agosto de 2026, después de más de tres meses de licencia, y solicitó nuevamente separarse del cargo un día después. El Congreso estatal aprobó la licencia indefinida el 23 de agosto.
Sheinbaum afirmó que no tuvo conocimiento previo del regreso de Rocha Moya y consideró que la decisión fue imprudente. También sostuvo que el Congreso de Sinaloa debía actuar de manera autónoma para designar a una persona interina y garantizar la gobernabilidad hasta las elecciones de 2027.
El caso fue interpretado como una señal de que la presidenta busca marcar distancia frente a decisiones tomadas por actores políticos que conservaron influencia durante el sexenio anterior. La propia mandataria rechazó que el expresidente López Obrador le hubiera indicado a Rocha Moya regresar al cargo y calificó esa versión como “política ficción”.
Tensiones por las candidaturas y el control territorial
La disputa también se refleja en la definición de candidaturas para las gubernaturas que se renovarán en los próximos años. En entidades como Colima y Campeche, los grupos que actualmente gobiernan conservan capacidad para impulsar perfiles cercanos, mientras que en otros estados persisten desacuerdos entre Morena y sus aliados.
Entre los temas que generan presión se encuentran la sucesión en San Luis Potosí, las diferencias entre el Partido Verde y Morena en Quintana Roo, así como las aspiraciones de distintos liderazgos locales y familiares de gobernantes. Estas disputas ponen a prueba la capacidad de la dirigencia nacional para imponer criterios comunes.
Además, permanecen bajo observación figuras de alto nivel señaladas por posibles conflictos políticos, cuestionamientos sobre su desempeño o investigaciones en curso. Sin embargo, hasta ahora no se ha concretado un proceso general de desplazamiento o sanción contra todos los actores que no coinciden con la línea presidencial.
El caso Rocha Moya mostró que Sheinbaum puede fijar una posición pública y lograr que Morena y varios gobernadores cierren filas en torno a ella. La siguiente prueba será convertir esa capacidad de reacción en una estructura política propia, con alianzas que no dependan exclusivamente de los grupos construidos durante el gobierno anterior.

